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Publicado en la revista ARCO Especial, abril 2005, Madrid (pp 13-14)

Casa de América. Why to fear the future? Carlos Amorales.

¿Por qué temer al futuro? Quizá por su color, porque se nos presenta en negro sobre blanco. O porque sólo disponemos de signos que se mezclan interminablemente entre sí y dibujan siluetas crudas, no siempre bien identificables. Carlos Amorales gira en esta ocasión alrededor de la percepción, juega con la sutil diferencia entre imágenes que por sí mismas parecen inocuas y un conjunto ambiental casi claustrofóbico. Logra lo que algunas películas al inducirnos estados de ánimo mediante la simple suma de elementos que, por separado, tendrían un efecto mínimo. Su exposición parece provocar la misma sensación que el bombardeo de estímulos proveniente de los medios masivos de comunicación, donde se suceden desde acontecimientos militares cargados de ideología hasta escenas de la máxima frivolidad, en un conjunto desconcertante.

Una animación a partir de pruebas de Rorschach introduce ya al juego de lo que uno percibe e imagina desde elementos gráficos que son sólo eso: huellas oscuras sobre un fondo blanco. Pero esa ambigüedad de la percepción conduce a la insinuación de negocios y juegos ocultos, en los cuales se decide un futuro plagado de premonitorias aves negras, el intrigante futuro que siempre pretendemos adivinar a través de los “signos de los tiempos”. ¿Qué debemos hacer cuando en estos signos se confunden el lobo y el hombre? En el espectáculo de las imágenes, Bin Laden es al mismo tiempo el Che Guevara y un luchador mexicano apodado La Parca. El uso del color y la gráfica propician un clima siniestro y, al mismo tiempo, demuestran lo arbitrario que es usar tal calificativo. Proliferan figuras en una combinatoria atemorizante, pero la clave de su efecto reside en cómo son interpretadas, y para ello contamos con métodos de todo tipo, psicológicos, esotéricos, científicos… Las cartas serán leídas por quien diga tener facultades para ello, pero recordemos que en los mejores juegos de baraja no importa tener buena mano, sino saber mentir y engañar al contrincante.

¿Por qué temer al futuro si no hay misterios que al final no sean develados? ¿Por qué dejarnos vencer por el miedo si detrás del escenario queda claro cómo actúan los tramoyistas? En la obra Dark mirror, mientras por un lado de la pantalla una animación nos arrastra al desconsuelo o al llanto, por el reverso vemos al pianista interpretando la banda sonora que consigue tal efecto, y en eso consiste su oficio. Carlos Amorales desarrolla una reflexión lúcida -paradójicamente desde un carácter ambiguo e incluso confuso- sobre el drama de nuestro tiempo.

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